jueves, 12 de mayo de 2016

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TRAYENDO AL MUNDO A IA'ALDABAUT

"Fue entonces que de ella salió algo que era imperfecto y distinto en apariencia de ella, pues ella lo había producido sin su compañero.  No se parecía a su Madre, y tenía una forma diferente.  Cuando vio lo que su deseo había producido, se convirtió en la figura de una serpiente con el rostro de un león. Sus ojos eran como relámpagos centelleantes. Lo arrojó lejos de sí, fuera de aquellos lugares..." "
NH II 1 - El libro de os Secretos Juan, 10.4 -10.12




Gírkù-Tila Nuréa / Min-ME-Min

La joven familia regresó a los pies de la montaña fértil flanqueada por su cueva de gestación.  Madre sentía la necesidad de estar sola para llevar a cabo su nueva creación.  Rodeándose de un velo de misterio, ella exigió tranquilidad absoluta. Ella le pidió al joven Mus'sagtar que cuidara de sus hermanos y hermana y le recomendó que acamparan cerca de la cueva hasta nuevo aviso.
Durante el tiempo la gestación y de anidación, los jóvenes Gina'abul se entregaron a sí mismos bajo la vigilancia de su hermano Mus'sagtar armado con su lanza afilada que siempre tenía a mano.  Tuvieron que codearse con las grandes serpientes, sólidamente equipadas con una cola de látigo.  La proximidad de los mastodontes se les hizo de pronto familiar, los Gina'abul descubrieron que estos gigantescos reptiles estaban organizando su vida en sociedad, sobre la base de reglas estrictas dictadas por las necesidades de seguridad. Los grandes Husmus (reptiles silvestres) reagrupaban a sus pequeños en el centro, mientras que los adultos se extendían en los alrededores, cerca del bosque, para prevenir los ataques contra los jóvenes.  Los niños de Barbélu parecían tan pequeños e inofensivos que los Husmus los aceptaron rápidamente en sus zonas de masticación.  Progresivamente, los Gina'abul se acercaban más y más para observarlos, llegando incluso a correr entre sus enormes patas y sus barrigas gigantescas. Esta raza de grandes lagartos placidos no masticaba.  Ellos ingerían piedras que molían la comida dentro de sus estómagos [[1]]. Esta proximidad les permitió contemplar su rápido crecimiento y descubrir sus principales áreas de desove, a menudo difundidas por áreas circulares en la hierba espesa.  Durante los períodos de fecundación, para su sorpresa, fueron testigo de violentas peleas entre los machos, a veces con resultado de muerte de uno de los protagonistas.  Las hembras apenas parecían prestar atención a estas luchas fratricidas. Los hermanos Gina’Abul compartieron las reglas implacables del mundo de Rumgar donde el poder y la supervivencia de la especie a menudo exigían sacrificios.
Las reglas brutales de la vida silvestre de ninguna manera afectó la maravilla que sentían ante la exuberante belleza de la Madre Naturaleza, al punto de tener la extraña sensación de conocer este lugar.  Los dos Abgal se cuestionaron sobre este enigma.  Se dijeron que tendrían que consultarlo con su madre lo antes posible para aclarar esta impresión de familiaridad que sentían.  Por ahora, tenían que sobrevivir con su mascota, Tal, y repetir los gestos que su madre les había enseñado.
Los días se sucedían y los jóvenes Gina'abul comenzaron a preocuparse por su progenitora.  ¡La Santa Barbélu todavía no salía de su cueva!  Infringiendo las recomendaciones de su madre, decidieron entrar en la cueva misteriosa.  Los niños cruzaron la cascada con reflejos brillantes e interrumpieron en la oscuridad subterránea en la cual llego a ellos el eco de las aguas tumultuosas.  Un firmamento de piedra se extendía bajo sus miradas divertidas.  Nunca habían vuelto a bajar desde su primera salida al mundo exterior.  Tal como la recordaban, la tierra rojiza, arcillosa, les dio una sensación agradable en los pies.  Las sombras familiares de la cueva se hicieron más claras y el gran pozo circular apareció en el fondo de una galería.  La madre estaba tendida en el suelo, inconsciente.  Una forma gesticulaba a su lado.  Los dos Abgal y la hembra Emesir se precipitaron hacia la Santa Barbélu mientras Mus'sagtar y Tal se acercaron a la inquietante descendencia.  De un azul hielo, sus ojos penetrantes los golpearon.  Su piel de color verde claro brillaba como las estrellas. No era como ellos.  ¿Era un macho o una hembra?  No se podía determinar bajo su aspecto delgado.  Uno de Abgal anunció que la criatura descendía del Kingalàm.  Mus'sagtar y Emesir le preguntaron cómo tal cosa era posible.  Los dos Abgal sacudieron desesperadamente a la gran Matriarca.  Seguía sin reaccionar y el grupo perdió su compostura.
- No responde, - dijo el nuevo niño Barbélu, - la he matado por error.
Atrapado por una terrible cólera, una rabia incontrolable, Mus'sagtar se precipitó con la lanza hacia adelante para empalar asesino.  Con un gesto rápido, el extraño descendiente del Kingalàm lo empujo enérgicamente contra una pared con un poder prodigioso como el de Barbélu. Entendiendo que los Gina'Abul lo asaltaban, hizo lo mismo con el resto del grupo, incluyendo a Tal. Todos se vieron paralizados contra la roca, incapaces de liberarse de esta prensa invisible.  El ser maléfico giró su mano para apretar su abrazo mortal.  No sólo él podía hablar a solo algunas Danna de salir del huevo, sino que además se benefició del poder del Niama robado a su propia madre. Los Gina'Abul se sofocaban y la asfixia les ganaba. Una descarga fulgurante los atravesó de cabo a rabo.  Con una insistente mirada, la joven Emesir se quedó mirando a Mus'sagtar que estaba tratando de ocultar el miedo visible en sus ojos que parecían gritar: "Todos vamos a morir."  De repente, apareció una sombra inestable que lanzó un grito prodigioso que heló el terrible infante. Todos los Gina'Abul cayeron repentinamente al suelo. La Madre-Matriz amenazó a su hijo.  Utilizó el lenguaje oscuro en el que ciertas palabras aparecen totalmente ininteligibles.  Llevada por su propio poder, agarró al niño paralizado y violentamente lo empujó contra la pared de la cueva.
- Has robado algo de mi poder, pero no posees la Sabiduría de los Musidim!
- Estoy confundido madre, pensé que te había matado a mi pesar.  Tus hijos me han atacado, yo solo me defendí.
- Ellos son tu hermana y tus hermanos, - respondió Barbélu.
La Madre sintió una sensación extraña: un material gelatinoso cubría sus manos que habían agarrado al niño.  Para su sorpresa, vio que el extraño niño efectuaba su primer Gibil'lásu (renovación de la piel).  Esta criatura tenía características particularmente precoces; ninguno de los Gina'Abul había realizado su muda de piel desde su nacimiento. Barbélu se acercó a él para tocarlo.  Ella tocó su cara, su piel brillante agrietada en lugares para revelar una piel blanca como la del Kingalàm.
- ¿No soy hermoso, madre?  ¿No soy yo a tu gusto?
- Si... si, lo eres, - respondió ella, casi asustada de ver a esta criatura dotada y poderosa como ella recién salida del huevo.
La madre se enfrentó a un trastorno profundo.  Ella decidió bautizar al niño lo antes posible para frustrar cualquier maleficio.
- Tu nombre es Ía'aldabaut [[2]]. Tú vas a proteger a tus mayores a través de tus habilidades innatas.  Tu defenderás la casa de los Gina'abul.
- No me gusta ese nombre, madre. - respondió.
- Sin embargo, ¡es el tuyo!  Tienes que aceptarlo, está lleno de nobleza.
Barbélu no sabía qué hacer.  ¿Debía mantener esta descendencia que amenazaba a sus mayores o debía separarla, o incluso destruirla?  Una ansiedad incontrolable ganó sus pensamientos.
- Madre, ¿debería tener en cuenta tu deseo de destruirme?
Barbélu reagrupó a sus hijos en sus brazos protectores. Esta criatura no podía quedarse en la familia, su peligrosidad era clara.  La Madre-Matriz pidió a los jóvenes Gina'abul salir de la cueva para hablar a solas con Ía'aldabaut. Mus'sagtar reveló su deseo de permanecer en caso de que la criatura ofensiva vuelva a amenazarla.  Barbélu lo tranquilizó y le invitó a unirse a los demás.  El pequeño Mus'sagtar tragó saliva y asintió con la cabeza, determinado a la altura de la confianza que le portaba su madre. El enfrentó la mirada de Ía'aldabaut antes de retirarse hacia la salida. En el exterior, se encontró con una fuerte lluvia que crepitaba en el follaje agitado por el viento.  Un trueno retumbó en la distancia.  Uno de los Abgal miró al cielo y le dijo al grupo que el cambio climático no presagiaba nada bueno.
El tiempo se había congelado en la montaña fértil.  Ía'aldabaut se quedó mirando fijamente a su madre. Estaba totalmente despojado de su piel vieja y la nueva brillaba en la oscuridad.
- ¿Ves como nosotros en la oscuridad?, preguntó Barbélu.
- Entiendo que sí.
- Eres demasiado poderoso para permanecer con nosotros.  Apenas si logras controlarte.  No puedo correr el riesgo de hacer daño a mis hijos.
- ¿Así que quieres abandonarme madre?
- No, tenemos que encontrar una solución, tu y yo, para tu supervivencia.  Tienes que salir de este lugar para que nadie te ve.
- No te alarmes por mí, tengo las mismas capacidades que tú para defenderme ante la adversidad y para ocultarme.
- Necesito saber dónde vas a retirarte, - respondió Barbélu.
- Tú sabrás encontrarme, confía en mí.  Tú y yo estamos ligados por la vida.  Ahora déjame, ya que decidiste abandonarme en beneficio de tus enanos indefensos.
La madre se acercó a su hijo esbozando un gesto de ternura, pero él empujó violentamente la mano amable de su madre.
- ¡Déjame!  Soltó el niño.
Barbélu salió de la cueva de la procreación con la mente atormentada, cuestionándose el significado de su creación.  Ía'aldabaut encarnó todo lo que ella rechazó, una mezcla de la depredación, de frío y de poder incontrolable. ¿Qué futuro le prometía a esta nueva descendencia?  Su hijo tenía una fuerza increíble y la había debilitado considerablemente cuando extrajo su energía.  En el exterior una fría oscuridad envolvía el saturado susurro de la noche.  A lo lejos, las hojas se agitaron.  Los jóvenes Gina'abul saltaron de la vegetación para lanzarse a los brazos de su progenitora.
- Escucha Madre, - dijo uno de los Abgal agitado, - ¿oyes un ruido de tormenta en la distancia?
- ¿La tormenta?
Barbélu escuchó e hizo una reflexión sorprendente:
- Eso no suena como un trueno.
La Madre escuchó con atención las repercusiones distantes cuya reverberación se extendía por todo el valle.  Ella sacudió la cabeza, como diciéndose a sí misma: "No, eso es imposible."  Luego dijo: "Dejemos este lugar tan pronto como sea posible".
El grupo caminó a lo largo del acantilado para sumergirse en el gran bosque.  La Madre-Matriz forzó la marcha, por temor a que Ía'aldabaut se lanzara en su persecución. ¡Este podría verlos en la noche, su tiempo estaba corriendo!  Ellos se hundieron en un paisaje abrupto de pendientes pronunciadas y terrenos con pliegues que llegaban hasta un gran río.  El ruido de la tormenta continuó en la distancia.  Barbélu estaba angustiada, sus hijos sufrían el calor húmedo, estaban cansados ​​y doloridos por las múltiples abrasiones causadas por la espesa vegetación.  Nadie parecía saber el destino de este viaje.
- Madre, nos acercamos a la tormenta, - advirtió uno de los Abgal.
- Sí, esa es la dirección que estamos tomando, - ella respondió.
- ¿Por qué?
- Debido a que tu hermano no se atreverá a aventurarse aquí.
La familia llegó a la orilla del gran río donde las olas poderosas giraban a alta velocidad.  Se detuvieron en el estuario bordeado coníferas y largos helechos.  Barbélu levantó la vista para estudiar las estrellas en el vasto cielo; algo le intrigaba por un tiempo y no estaba tranquila.  Los dos hermanos Abgal la sentían nerviosa, un nerviosismo que atribuyeron al peligro que les hizo correr Ía'aldabaut. El cielo se había despejado y permitía una observación detallada de las constelaciones que gravitaban majestuosamente alrededor del polo.  La Madre-Matriz miró largamente el cielo infinito para verificar y validar la información que recogía sobre la configuración de las constelaciones.  Después de esta intensa reflexión, una de sus manos descansaba en su boca; una terrible realidad se impuso sobre ella.  Barbélu levantó los brazos en el aire e hizo señas en dirección al firmamento a seguir. La duda ya no era posible.  Esta parte del cielo no parecía desconocido para él; el cielo parecía el que ella había estudiado en numerosas ocasiones cuando aún vivía en la Casa-Madre. Sin embargo, las estrellas no estaban presentes en el mismo lugar, todas las constelaciones parecían excesivamente deformadas.  Un escalofrío le recorrió la espalda.  ¡Imposible!  Con el corazón palpitante, una desesperación indescriptible le arrebato unos gritos desgarradores, mitad quejas, la mitad aullidos, cuyo eco punzante se perdió en la noche.  A continuación, se desplomó en el suelo.  Los cuatro pequeños Gina'abul se reunieron alrededor de ella para consolarla, pero la emoción era demasiado fuerte. Con voz débil por haber gritado, la Madre trató de ofrecer algunas palabras.  Tal deformación de las constelaciones podría explicarse de una manera: sin ninguna duda, Barbélu estaba en casa, en Mulmus, entre los Musidim!  La deformación estelar requería un salto en el tiempo, no unos pocos miles de Muanna (años) de Hul, sino cientos de millones de Muanna de Hul.  Según la disposición de este planeta al cual la había conducido su destino, se hizo evidente que este mundo, al que ella llamó Rumgar, no era otro que el santo Dubkù donde los Musidim anteriormente enseñaron las artes universales y donde Suhia estableció su proyecto Numun.[[3]] La expedición PISTÉS debió realizar el viaje de regreso a la Casa-Madre.
Postrada, la antigua erudita del Palacio de Jade se quedó en silencio, con el corazón lleno de confusión.  En un dinamismo desenfrenado, la vida pululaba.  Las numerosas especies colocadas aquí y allá, hacía varios millones de Muanna de Hul, se habían desarrollado y desplegado en todo el continente central.  Las condiciones climáticas especialmente propicias en Dubkù favorecieron el desarrollo de todas las variedades de animales y plantas.  Los animales se multiplicaron, algunos se cruzaron, proporcionando una diversificación inesperada e incontrolable, causando la formación de los sistemas ecológicos completos y complejos. La incapacidad de contener el desarrollo de las especies del proyecto Numun ya databa de la época de las Matriarcas Oscuras.  Barbélu lo recordaba perfectamente, a pesar de que ella no frecuentó casi nunca a Dubkù.  Ella lo lamentó con amargura en ese momento.
Se encontraban todavía los Forjadores de Vida en Dubkù?  ¿La raza orgullosa de los Musidim aseguraría siempre su presencia en la Casa Madre?  Barbélu se recompuso y tomó una decisión.  Los dos hermanos Abgal le ayudaron a ponerse en pie.  Ella dio sus instrucciones: tenía que ir río abajo lo más rápido posible para reunirse a los estruendos de trueno.  Barbélu cortó varios árboles de talla modesta con la ayuda de su Niama, a continuación los cortó con las armas enemigas recuperadas por sus niños en el bosque. Los Gina'abul despojaron los troncos sólidos de sus ramas y los ataron con cuerdas vegetales para formar una balsa.  Apenas la echaron al agua, los niños se subieron a la plataforma móvil y la Madre, con impaciencia, llamó en repetidas ocasiones en su lenguaje a Tal que se no pudo llegar a la embarcación. Todos imploraron a Barbélu para llevar su mascota.  La Madre lo levantó con su Niama y lo puso a bordo.
Los truenos sordos parecían estar más cerca.  Los grillos de repente dejaron de cantar, dejando que el silencio invada la espesura del bosque.  Los jóvenes Gina'abul, asustados, remaban de una manera casual y torpe.  Los remos se enfrentaban con regularidad.  La Madre los calmó y le enseño a remar lenta y rítmicamente.  La balsa se desplazaba a alta velocidad y se introducía silenciosamente en las aguas que bordeaban el vasto bosque donde surgían numerosas cimas como suspendidas por encima de este mar vegetal.
Nadie sabía con precisión dónde los conduciría al río.  Con los ojos cerrados, Emesir fue asaltada por un fenómeno desconocido para ella.  Una gran cantidad de imágenes deslumbrantes pasaron por su cabeza.  Ella asistió a extrañas escenas en las que veía a su madre para combatir, para ceder finalmente y encontrarse prisionera.  Emesir interpretó estas visiones como un mal presagio.  Todavía somnolienta, abrió suavemente los ojos a una realidad que la relajaba.  Su hermano, Mus'sagtar, se situó en la parte frontal firmemente plantado en sus piernas, agarrando su lanza mientras Barbélu y ambos Abgal ahora al frente de la embarcación, conducían con maestría la embarcación una meta que nada podía desviar.  Ella se comprometió a compartir sus visiones con su familia tan pronto como sea posible.  La vida de su Madre dependía de ello...
[imagen 22].  Mus'sagtar y Emesir en el corazón del exuberante bosque. © Frantz Lasvignes / Anton Parks.
[imagen 23].  Figura del demiurgo Ialdabaot, con cabeza de león, de los Misterios de Mitra, que se encuentran en el mithraeum de C. Valerio Hércules y sus niños (190 AD) en Ostia Antica, Italia.
 [imagen 24].  Figurilla que se encuentra en Acámbaro (México).   Muchas de estas figuras de terracota, excavadas en 1945, muestran humanoides con los dinosaurios.




[1] [95]. Esta técnica permitía a los dinosaurios herbívoros gigantes digerir las hojas, ramas y otras piñas sin la necesidad de masticar.  Avestruces, cocodrilos y varias variedades de aves, tienen hoy el mismo funcionamiento digestivo.
[2] [96]. IA-AL-DA-BA4-UT, "la quinta imagen que protege la morada (del demonio) de la tormenta".  Ía'aldabaut es el quinto hijo de Barbélu. Este término probablemente dio origen a Ialdabaot o Yaldabaoth, el Demiurgo de los textos gnósticos, hijo de la Sabiduría caída. Varias interpretaciones fueron avanzadas para traducirla supuestamente de un nombre arameo, específicamente semita, como Yalda Bohuw "hijo caos (o destrucción)" o Yalad (S)abaôth "el que dio lugar a los ejércitos" o "uno que engendró Sabaoth". El Jaldabaoth gnóstico se describe a menudo como un león con cara de serpiente, nadie parece haber entendido esto. Yo creo que su nombre proviene de la tradición sumeria antigua, debido a que el término sumerio PIRIG significa "león" y su homófono PIRIG2/3 "brillante" y "luz", es decir, aspectos que recuerdan la piel brillante y blanca del Demiurgo. Esto sería una mala interpretación del término PIRIG torpemente traducido al "león".
[3] [97]. Recordatorio: Numun "semilla" en sumerio. 

2 comentarios:

  1. Podrá ser que la leyenda de la llegada de Anriba de los Musidim se autocumplió, formando una nueva linea temporal??? Ía'aldabaut será el padre de los kingú ???

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